El perdedor — mitológicamente — es alguien que ha querido más, aun presintiendo o sabiendo que no lo podría conseguir. O sea, el perdedor es un inconforme al que pensar en la derrota no disuade de su impulso. “De nocturno Phaetón carroza ardiente”, leemos en Góngora. El perdedor no está satisfecho con la vida y busca terriblemente la parte negada. Busca el otro lado, lo obscuro, lo que no puede tener o a donde no puede ir. Entonces también, el perdedor no disimula ni cela que fue osado, que se atrevió y que quiso llegar a algún lugar imposible. Después de haber escrito la Divina Comedia, dicen que la gente se apartaba de Dante cuando andaba por la calle, porque tenían temor y respeto ante un hombre que había estado en el Infierno. El perdedor también ha estado en el Infierno, o lo está aún. Y esa crispación — esa herida — funciona con la fascinación de la audacia.
Luis Antonio de Villena
