This Charming Man



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A List Of Things That Make Life Worth Living

(By RockStroke)



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klammer



Por la mañana, antes de dormirse ya en cama y con la cabeza recostada sobre la almohada, contemplaba el boceto del Greco, cuyos ásperos tonos apagaban un tanto el brillo del tapiz amarillo y le conferían gravedad, figurándose que vivía a cien leguas de París, lejos del mundo, en las profundidades de un monasterio. Al fin y al cabo, le era fácil hacerse esta ilusión, pues la vida que llevaba era en cierto aspecto análoga a la de un religioso, aunque sin padecer ninguno de los inconvenientes de esta.                         


 Así como convirtió su celda en un lugar abrigado y confortable, también se aseguró de que su vida fuera placentera, cómoda, con ocupaciones, rodeada de bienestar y libre. Como un ermitaño, estaba maduro para el aislamiento, cansado de la vida y sin esperar nada de ella; al igual que un monje, un intenso hastío le agobiaba; necesitaba recogerse y anhelaba no tener nada que ver con los profanos que, en su opinión, eran todos los partidarios de la utilidad y los imbéciles.             


En resumen, aunque no existiera en él ninguna vocación para el estado de gracia, sentía verdadera simpatía por aquellos que vivían aislados en monasterios, perseguidos por una sociedad rencorosa que no les perdona ni el justo desprecio que sienten por ella, ni su firme voluntad de redimir y expiar, mediante años de silencio, la desvergüenza siempre creciente de sus conversaciones ridículas y necias.



J. K. Huysmas

Por la mañana, antes de dormirse ya en cama y con la cabeza recostada sobre la almohada, contemplaba el boceto del Greco, cuyos ásperos tonos apagaban un tanto el brillo del tapiz amarillo y le conferían gravedad, figurándose que vivía a cien leguas de París, lejos del mundo, en las profundidades de un monasterio. Al fin y al cabo, le era fácil hacerse esta ilusión, pues la vida que llevaba era en cierto aspecto análoga a la de un religioso, aunque sin padecer ninguno de los inconvenientes de esta.                         


 Así como convirtió su celda en un lugar abrigado y confortable, también se aseguró de que su vida fuera placentera, cómoda, con ocupaciones, rodeada de bienestar y libre. Como un ermitaño, estaba maduro para el aislamiento, cansado de la vida y sin esperar nada de ella; al igual que un monje, un intenso hastío le agobiaba; necesitaba recogerse y anhelaba no tener nada que ver con los profanos que, en su opinión, eran todos los partidarios de la utilidad y los imbéciles.             


En resumen, aunque no existiera en él ninguna vocación para el estado de gracia, sentía verdadera simpatía por aquellos que vivían aislados en monasterios, perseguidos por una sociedad rencorosa que no les perdona ni el justo desprecio que sienten por ella, ni su firme voluntad de redimir y expiar, mediante años de silencio, la desvergüenza siempre creciente de sus conversaciones ridículas y necias.

J. K. Huysmas

03:28 am, by thischarmingman198115 notes

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